C28-ME CARGAS MAL, EMMA
Los dedos de Santiago soltaron el cinturón y luego se bajó la cremallera del pantalón. Dio dos pasos hacia atrás hasta que sus piernas chocaron contra el sillón de cuero en la esquina de la habitación y se dejó caer en él, con las piernas abiertas, y empujó el pantalón y el bóxer negro hacia abajo de un solo movimiento.
Su verga saltó libre, gruesa, con venas marcadas que recorrían toda su longitud.
Emma sintió que el aire se le atoraba en la garganta.
Era... grande.