Capítulo 117. El secreto de la familia Abraham
—¡Abre la tercera página de ese documento, Elara, para que entiendas que el odio de ese hombre no nació de la nada!
La voz de Alejandro se ahogó en su garganta, obligando a sus pulmones a trabajar el doble para absorber el oxígeno de la habitación. Sus dedos envejecidos y temblorosos señalaron el legajo amarillento que Elara sostenía contra su pecho. Las arrugas en la frente del anciano eran tan profundas como el abismo de remordimiento que había guardado durante décadas.
Elara pasó la gruesa