Capítulo 104. Felicidad sobre el dolor
—Abre la boca un poco más, Alejandro, esta sopa se va a enfriar si continúas mirando hacia la ventana —dijo Elara mientras acercaba la cuchara de plata con caldo tibio a los labios pálidos de su esposo.
Alejandro apartó la mirada del resplandor del sol de la tarde madrileña, que se filtraba a través de las cortinas de seda blanca en la habitación principal de la residencia Abraham. Recibió el alimento con un movimiento lento, dejando que el líquido cálido aliviara su garganta reseca tras los c