Camila fue categórica y no está dispuesta a aceptar una simple disculpa.
—Pero por qué no, si ya te dije que creo en ti.
—¿Por qué no lo hizo desde el principio, señor? —Le cuestionó frunciendo el ceño, ella tiene toda la razón de hacerlo. —Recuerde que yo hasta le lloré para que me creyera que no había tomado su asquerosa esclava y siempre me juzgó sin antes investigar, mientras que mi hermana se reía con ella luciéndola, quizá, yo lloraba porque usted me humilló.
—Hazlo por nuestro bebé, quie