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La muchacha se levantó de su asiento y se acercó al escritorio del hombre, llegó hasta él y tomándolo de su silla lo separó de la mesa para colocarse sobre él con las piernas abiertas, logrando que el hombre se desestabilice por completo.

—¡Que haces, Camila! ¡Ponte a estudiar por favor! —exclamó Nataniel cuando ella comenzó a acariciarle el cuello y los hombros.

—Solo voy a darle un masaje a mi esposo, ¿Qué de malo tiene?

—Aquí no lo hagas, por favor, además no necesito masajes, yo estoy bie
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