Ahora la señora Gaviota considera que es tiempo de hacer una confesión dolorosa.
—Hija, ¿recuerdas que yo te pedí que cuando regresara de mi viaje quería que estuvieras embarazada?
—Sí, claro que lo recuerdo muy bien porque en ese tiempo su hijo y yo aún no estábamos en buenos términos y aun así yo se lo prometí que lo intentaríamos.
—¿Sabes por qué te lo pedí?
—No.
—Lo hice porque a esas alturas yo ya sabía que tú y mi hijo no dormían juntos. Ahora que eres madre, entenderás y aprenderás a di