Capítulo 34. Infragantis
Sara se dejó llevar por los besos y las caricias del hombre, el deseo crecía cada vez más a niveles incontrolables, su vientre anhelaba el contacto físico y el calor que irradiaba su cuerpo.
Por un momento se apartaron para llenar sus pulmones de oxígenos, mientras no dejaban de observarse, parecía como si los demás hubiesen desaparecido, solo quedaban los dos, al acecho, como si el mundo se hubiese detenido. La sangre empezó a correr más rápido por sus venas y sus corazones empezaron a latir