Capítulo 22. Gritos de euforia.
Valentina y Sara ni en sus sueños más optimistas se imaginaron que la floristería tendría ese flujo de clientes, incluso debieron cerrarla por minutos mientras atendían a un grupo de personas, durante más de ocho horas no tuvieron el mínimo descanso; para su alivio su pequeño hijo se había ido con Esteban, por lo cual se encontraban ellas dos, la trabajadora que habían contratado y Ángela que se decidió a darle una mano.
Cuando cerraron la floristería, se sentaron detrás del mostrador por compl