Bárbara Summer.
Mis ojos se posaron en la pequeña niña que Georgina sostenía en brazos, y mi corazón dio un vuelco. Era una niña hermosa, con unos grandes ojos que parecían reflejar el cielo mismo. Su cabello oscuro y suaves rasgos la hacían parecer un angelito.
Me quedé mirándola, embobada con admiración y asombro, completamente cautivada por su belleza. Respondí con dificultad, y voz entrecortada.
—Es tan hermosa —susurré, incapaz de apartar la mirada de la niña.
No podía controlar la inmens