PUNTO DE VISTA DE EMBER
Lo primero que percibo son las manos de Knox en el volante: con los nudillos blancos, las venas marcadas, agarrándolo con tanta fuerza que el cuero cruje.
Nos movemos rápido, demasiado rápido, y el mundo exterior no es más que oscuridad, nieve y montañas que no reconozco.
No recuerdo haberme quedado dormido. Lo último que recuerdo es llorar desconsoladamente por culpa de mi padre antes de que todo se fuera al traste.
Ahora me duele muchísimo la cabeza, tengo la boca con