PUNTO DE VISTA DE EMBER
Mi niña. Como si no me hubiera dejado plantada sin pensarlo dos veces hace ocho años.
Como si no hubiera ignorado todas mis llamadas, todos mis mensajes de texto, todos mis intentos desesperados por contactarla durante los peores años de mi matrimonio.
—Mamá —digo, y hasta yo puedo oír lo monótona que suena mi voz—. Ya tenemos cita para almorzar. ¿Qué haces aquí?
“¡Pasar tiempo con mi hija, por supuesto! Pensé que podríamos tener un día de spa. Solo nosotras dos.” Finalm