PUNTO DE VISTA DE EMBER
No. No es posible.
Los ojos de Knox se entrecierran. "¿Su madre?"
—Hace ocho años que no hablamos —digo con voz tensa—. Me repudió cuando me casé con Gale.
—Está muy insistente —continúa la enfermera—. Y… está sollozando. Dice que voló desde Pekín en cuanto se enteró de lo sucedido. Amenaza con llamar a la policía si no la dejamos entrar.
Knox se pone de pie, y la naturalidad con la que se mueve resulta de alguna manera más amenazante que si hubiera explotado.
“Dígale al