En el escondite de Cristian, Luz estaba en una situación desesperada. El lugar era una vieja casa de campo, oscura y lúgubre, con las ventanas cubiertas y solo una tenue luz de una lámpara parpadeante iluminaba el ambiente. Cristian, ahora más despiadado que nunca, había asegurado el lugar para mantenerla bajo su control.
Luz estaba sentada en una silla en el centro de la habitación, con las manos atadas detrás de su espalda. La habitación tenía un aire frío y sucio, y Luz sentía el peso del ca