MEGAN
Me quedo sin aliento, todos los presentes están pálidos, tan sorprendidos como yo, pero ellos son el menor de los problemas, es Lena quien me preocupa, ya que rechina los molares con tanta fuerza que incluso a mí me duele.
—¡Mentira, ese testamento debe ser falso! —grita apuntando al abogado con el dedo.
—No lo es, puede comprobarlo por todos los medios posibles —responde el anciano con tanta seguridad que es convincente.
—¡Eso no puede ser, yo estaba presente cuando Alejandro hizo el