Alejandro miró a su hermano miserable, Benedicto, sentado en el asiento del copiloto, y mostró una expresión de resignación.
Pero Benedicto, por su parte, parecía de buen humor, manteniendo una leve sonrisa en sus labios.
Siguiendo la ruta del día anterior, empezaron a buscar casa por casa.
Con Alejandro y Benedicto actuando como traductores humanos, la eficiencia de ese día fue mucho mayor que la del día anterior. Además, Fabiola finalmente tuvo la oportunidad de presentar adecuadamente los pro