—¿Qué es? —Fabiola dio un paso atrás, interrumpiendo. —Ya basta, a estas alturas, aún me hablas con evasivas. Mejor así, te daré tiempo. Piensa bien cómo vas a justificarte y luego búscame.
Dicho esto, Fabiola recogió su maleta y bajó las escaleras con paso firme.
Al llegar a la puerta, Benedicto ya la había alcanzado.
—¿A dónde vas? Te llevo —dijo Benedicto, agarrando la muñeca de Fabiola con una mezcla de urgencia y súplica.
Las palabras de rechazo se atoraron en su garganta, y Fabiola no pudo