El vestido tradicional siempre era la prenda perfecta para realzar las curvas.
Fabiola, mirando su reflejo grácil en el espejo, sintió sus orejas calentarse discretamente.
En el espejo, Benedicto la observaba con los ojos entrecerrados, cruzando los brazos y abrazando su cintura, balanceándose ligeramente, disfrutando del momento.
Lentamente acercó su nariz al cuello de Fabiola, inhalando el aroma de su cuerpo.
Fabiola gradualmente comenzó a sentirse abrumada.
Benedicto, sintiéndolo, rodeó la ci