Cuando Fabiola entró en la oficina, sus colegas estaban más entusiastas que de costumbre, saludándola uno tras otro.
Nada había cambiado, pero al mismo tiempo, todo había cambiado.
Fabiola jugueteaba con un bolígrafo en la mano, todavía reflexionando sobre el asunto de Vargas.
Vargas parecía honesto y sincero, no como alguien malo.
Pero si no fue asignado por la empresa, ¿por qué mentiría?
Esa mañana en el coche, Fabiola había querido preguntar varias veces, pero finalmente decidió no hacerlo.
S