Fabiola tomó varios tragos de agua, pero no pudo apagar el deseo que había surgido en su garganta.
Benedicto acariciaba su cuello, preguntando a propósito: —¿Qué sucede?
Fabiola lo miró de reojo, molesta: —Voy a salir a tomar aire.
Dicho esto, se escapó rápidamente de las garras de Benedicto, saliendo para continuar hablando con Patricia sobre dónde recoger fresas.
Pero cada vez que mencionaba las fresas, Fabiola se sentía incómoda.
Benedicto observaba su espalda, una sonrisa leve apareciendo en