Fabiola frunció el ceño.
Siempre encontraba extraña a esa chica.
Justo cuando iba a preguntar qué sucedía, sonó el móvil de Benedicto.
Fabiola se distrajo, su mirada cayó sobre él.
Benedicto ya había desviado su atención de la chica y cogió el teléfono.
Era una llamada seria de su padre.
—Ven aquí a Silvia ahora mismo.
Benedicto respondió: —No tengo tiempo ahora.
—¡Debes venir, ha ocurrido un gran problema!
Benedicto frunció el ceño, con tono frío: —¡Que espere!
Después de colgar, el aire se vol