Al día siguiente, Fabiola se levantó con dolor de espalda y fue a Disney con Benedicto.
Pensó que tendrían que hacer fila, pero una vez dentro, se dieron cuenta de que, aparte del personal, no había ningún visitante.
—¿Por qué no hay... visitantes? —preguntó Fabiola, confundida.
Había ido a Disney en su país varias veces, y siempre estaba lleno de gente.
¿Tan vacío?
Era extrañamente tranquilo.
Y cada empleado los miraba con una sonrisa, como si fueran invitados especiales.
Benedicto tosió ligera