El corazón de Benedicto se estremeció y, apoyándose en la puerta, preguntó: —¿Qué pasó?
José explicó la situación brevemente. Al ver que Benedicto permanecía en silencio, no pudo evitar sentirse nervioso: —Jefe, ¿fui demasiado lejos?
—Lo hiciste muy bien —dijo Benedicto con una mirada sombría. —A partir de mañana, serás el dueño de este hotel.
José abrió los ojos de par en par, mirando fijamente la puerta cerrada.
Sin poder reaccionar.
¿Cómo podía ser que un simple trabajador se convirtiera en e