Joana, tras salir desanimada del restaurante de mariscos, se fue sintiendo cada vez más enojada.
No se atrevía a encontrarse con Benedicto, pero para su sorpresa, Fabiola había empezado a coquetear con los amigos cercanos de Benedicto.
¿Dónde estaba la justicia en eso?
No.
No podía quedarse de brazos cruzados.
Sacó su teléfono y marcó un número.
—¿Pedro Ortega?
—Buenas, Señorita Herrera.
—¡Investiga quién es el esposo de Fabiola!
Quería enviar la evidencia de Fabiola coqueteando con otros hombre