Mis entrañas empezaron a estallar. Como si hubiera fuegos artificiales dentro de mí. Mi corazón late demasiado rápido. Más rápido que la velocidad de un caballo. Y esto es una locura.
¡Estoy besando a mi jefe!
¡Estoy besando a Zamir! ¡Y me está gustando!
Todas las preguntas que quiero hacer fueron respondidas en este momento. En su simple acción.
—Me gustas, Elena—. Confesó una vez que nuestros labios se separaron. —Y no sé cuándo pero acabo de empezar a sentir algo por ti.
Oh, mierda.
Levantó