—Felipe, lo siento. No quiero hacerte daño porque quiero que seamos amigos. Lo siento mucho por haberte involucrado en esto y hacer que mi padre te manipulara en esto. Pero después de lo que he oído...— Hice una pausa y le miré fijamente. —Gracias por comprender. Muchas gracias—. Le cogí la mano y se la apreté un momento.
—No hay problema, chico—. Me revolvió el pelo juguetonamente como solía hacer de niño.
Le di una bofetada antes de decirle: —Ahora, lárgate. No quiero que los demás nos vean a