—Luis, ¡casi olvidas tu almuerzo! — Corro hacia mi marido que estaba a punto de irse a trabajar. Pude alcanzarlo a través de la puerta.
Luis se dio la vuelta y sonrió. —Oh, lo siento. Casi me pierdo la increíble cocina de mi mujer—. Cogió la fiambrera y me abrazó. —Gracias, mi amor. Sonrió.
—Cuando quieras—. Le froté la nariz. —Que te diviertas en el trabajo—. Grité mientras salía de casa. Ha estado trabajando como obrero de la construcción en el nuevo edificio que se está levantando en la ciud