Mundo ficciónIniciar sesiónDe repente sentí que a mis treinta años conocía muy poco a las mujeres. Sus mejillas se coloreaban cada vez que defendía alguna de sus posiciones en la vida, sus cejas las subía y eran muy pobladas aunque bien arqueadas. Por otro lado todas mis hipótesis de cómo tratarla o como la habían tratado en el pasado se fueron al caño, era una señorita de treinta años, en mi lengua una niña vieja. En el llano a esa eda







