158. La paz que nos merecemos
Penelope
Una brisa fría roza mi piel, una brisa que no es para nada como el viento caliente del desierto. Alzo la vista, el cielo oscuro, salpicado de estrellas, comienza a iluminarse lentamente, como si el amanecer estuviera por llegar, pero dentro de mí sé que no es real.
Algo se siente diferente, demasiado perfecto. A lo lejos, una silueta que reconozco al instante: Nicklaus. Mi corazón late con fuerza y la preocupación empieza a crecer dentro de mí ¿Qué es lo que está pasando? Cada paso hac