140. Está viva...
Penelope
Estoy sentada en la pequeña enfermería de la manada, observando a la mujer que apenas sobrevivió. La loba herida yace en una cama improvisada, su respiración es irregular, y su piel pálida contrasta fuertemente con las sábanas.
La sanadora se ha marchado hace unos minutos, dejándome sola con ella para observar su progreso. Aunque la sanadora hizo lo mejor que pudo, sé que fui yo quien la trajo de regreso.
Sentí la magia fluir por mis venas, como un río desbordado, hasta que vi que la