Capítulo 167. Verdades sin anestesia
—¡¿Con Livia?! —El grito de Aslan no fue humano; fue el alarido de un animal herido de muerte. Sus manos se cerraron en torno al cuello de la chaqueta de Alistair con una fuerza que hizo crujir las costuras—. ¡¿Me estás diciendo que la dejaste con Livia?! ¡¿Con la delincuente que me la quitó?! ¡¿Con la mujer que destrozó mi vida y me hizo creer que mi hija estaba enterrada?!
—Aslan, suéltame, déjame que te explique... —alcanzó a decir Alistair, con la voz ahogada, el rostro enrojecido por la fa