Los últimos vestigios de la menguante brisa nocturna soplaron a través de la ventana, levantando las cortinas que ondeaban en lo alto.
Los primeros rayos de sol brillaron en la habitación, cayendo sobre los rasgos desgastados y marchitos del rostro de Jin Fengchen que había perdido gran parte de su esplendor original.
La ferocidad y la tenacidad que antaño brillaban en sus ojos estaban casi extinguidas, sustituidas únicamente por la desolación y la frustración que ocupaban esos ojos sin vida.