Cap. 85: Tragedia
Alexander abre los ojos lentamente siendo encandilado por un par de luces blancas, sin ser capaz de discernir el lugar en el que se encuentra, o siquiera recordar la razón por la que siente que le duele todo el cuerpo. Parpadea varias veces hasta que su vista se acostumbra a la luz, y logra discernir un techo de yeso blanco, uno que parece el de un hospital.
—Hasta que despertaste, estábamos esperando que abrieras los ojos —murmura una mujer de bata blanca con una sonrisa amable en los ojos.
—