La noche en el Rusty Spur continuaba en pleno apogeo después del show de Tony, el aroma a cerveza y perfume barato flotaba en el aire, mezclándose con las notas de una vieja canción country que sonaba en la rocola.
Marjorie, aún aturdida por el espectáculo que había presenciado, permanecía sentada en la barra, perdida en sus pensamientos, se había negado a regresar al rancho cuando Tony y María lo hicieron.
Don Pedro, el dueño del bar, era un hombre de mediana edad con una sonrisa perpetua y u