Tony se despertó temprano esa mañana, apretándose el pecho con la mano como si quisiera contener el corazón que le brincaba como potrillo salvaje.
Los nervios lo estaban matando, literalmente sentía que cada latido le dolía más que el anterior, sabía que convencer a Sarah sobre la iglesia no sería fácil; esa mujer era más terca que una mula y tenía la cabeza más dura que el mezquite viejo del rancho.
En la cocina escuchaba a su madre toser, y cada tos le apretaba el corazón un poco más.
María