Al día siguiente, Laura bajó de su habitación, lista para dar clases en la universidad. Antes de salir, decidió pasar por el comedor para desayunar, donde encontró a su hija Valentina tomando un café.
—Buenos días, Valentina. ¿No piensas desayunar? —preguntó Laura.
—No tengo apetito, solo tomaré café —respondió Valentina con un tono de molestia.
—Hija, creo que tenemos una conversación pendiente con respecto a tu compromiso.
—No creo que haya mucho de qué hablar. Mi decisión está tomada: me vo