Pasaron cuatro días desde que me propuso matrimonio, y aunque es muy amoroso y hace lo posible por estar conmigo, últimamente está dedicándole mucho tiempo al trabajo, está llegando un poco más tarde a casa y ni hablar de que no tiene tiempo para acompañarme a algún lado.
—Confío en ti —me dice Alex mientras se abrocha la camisa. Me mira a través del reflejo y suspiro.
—Se supone que íbamos a organizar juntos la boda…
—Lo sé, corazón, pero tengo mucho trabajo. —Hago puchero con los labios, chas