Tengo que admitir que me sorprende que Alex haya decidido quedarse conmigo a cuidarme, o a consolarme.
Cuando salgo de la ducha me está esperando con la comida caliente servida en la cama, la calefacción al máximo y música suave de fondo. Me siento a su lado con lentitud, sin mirarlo ya que no quiero que nuestros ojos se crucen.
—Pedí una sopa de pollo, espero que te guste —dice observándome con atención. Hago un sonido afirmativo.
—Sí, me gusta, gracias —replico—. Ya puedes irte —agrego. Suspi