CAPÍTULO 48
Salgo de mis pensamientos y asiento la cabeza. Me dirijo hacia el taburete. Me siento allí. Liam se sienta en el otro, a mi lado, luego acerca mi taburete hacia él, para poder aplicar la pomada fácilmente. Saca la pomada de la caja y luego sopla sobre la parte quemada de mi dedo, suspirando.
—Ya no entras en la cocina.
—¿Quién diablos te pidió que cocines algo ? Las mujeres de la limpieza están allí para algo.
—Es mi culpa, debí haberte impedido desde el primer día ir a la cocina.
—