Capítulo 34.

Un par de segundos después, la rubia, el abogado y el padre de Juliana habían abandonado el departamento dejándome con grandes dudas y una frustración mezclada con impotencia por no haber obtenido información suficiente.

Me senté, soltando un gran suspiro de cansancio, y llevándome ambas manos a mi cabello.

Estaba tan cerca, tan cerca de tener algo, una pista, un indicio, lo sentía, algo me decía que iba por buen camino.

Le di un gran golpe a la mesa y me levanté furio

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