Capítulo 33.

Con la boca entreabierta, pestañeé varias veces.

— ¿Juliana? —tomé la carpeta, aturdida y confundida por completo.

—Sí, nos dijiste que la persona que compró la droga era rubia. Todas las mujeres rubias tienen coartada menos una y esa es Juliana —me echó una mirada curiosa, como si aún no entendiera mi reacción—. ¿Pasa algo?

Juliana estaba en la sala de interrogatorios esperando por mí. Querían que yo la interrogara, y claro, yo ya había tenido experiencia en ello. Cua

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