Malika estaba peinando sus cabellos después de bañarse cuando alguien llamó a la puerta. Inmediatamente pensó que debía ser alguna de las criadas, ya que desde que Aisha y Rania se habían marchado eran con las únicas con las que hablaba, y bueno, con su pequeña cuñada Dalia.
—Pase.—autorizó y se levantó sobresaltada cuando vio un rostro familiar asomando la cabeza en la puerta. —¡Aisha!—exclamó la chica corriendo hacia la empleada personal para abrazarla.
—Princesa Malika, que gusto volver