La verdad no explotó.
Se propagó.
No hubo un anuncio oficial inmediato ni una declaración pública que marcara el momento exacto en que todo cambió. Sin embargo, en cuestión de horas, la información comenzó a filtrarse con la misma precisión con la que había sido contenida hasta ese punto. No era caótico. No era desordenado.
Era controlado.
Y eso lo hacía más peligroso.
Elena lo percibió antes de confirmarlo, en la forma en que los espacios se volvían más silenciosos a su paso, en cómo ciertas c