Elena esperó mucho tiempo pero no recibió respuesta de Guillermo. Desanimada, cerró los ojos.
—¿Entonces qué necesitas para irte?
preguntó, con la garganta anudada por un sollozo incontrolable.
Al ver esto, Guillermo contuvo la respiración.
Elena ya era muy hermosa, pero ahora, con lágrimas corriendo por su rostro, era aún más hermosa de lo habitual, despertando fácilmente su compasión.
Guillermo de repente se preguntó si presionarla así era correcto o incorrecto.
Al notar que la expresión de G