Mis ojos pesaban demasiado para mi gusto dificultándome abrirlos. Escuchaba la voz de Zoe en la habitación hablando por el móvil por lo que creo se trata de Maite hablando de sus empresas.
Cuando finalmente logró abrir los ojos y moverme suelto un gemido de dolor.
—¡Maldición! —Me tocó la costilla derecha —. ¿Por qué me duele tanto?
—Tienes fracturas en las costillas, debes quedarte quieta —Se acerca tomando mi mano —. ¿Cómo te sientes?
—Me duelen partes del cuerpo que nunca pensé me doler