Capítulo 30

En ese momento mi padre se pone de pie dando un golpe en el escritorio, se puso de mil colores y la expresión de su rostro cambió radicalmente.

—No quiero muerta a mi querida Beatrice —el tono de su voz fue más tranquilo, más armonioso, recordé que nunca le habló a nuestra madre de esa forma tan... llena de cariño, entonces lo supe, o la menos tuve la sospecha de lo que pasaba realmente.

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