Capítulo 27

Nana, como yo misma la llamaba, comenzó a inspeccionarme todo el cuerpo a conciencia, recorrió cada espacio de mi piel como si quisiera encontrar alguna falla, un defecto, para después toser y alejarse, caminando directamente hacia una enorme maleta de dónde sacó mucha ropa muy provocativa, más humillada no podía estar, en ese momento me di cuenta y acepté a regañadientes que me había convertido en una prostituta en toda la extensión de la palabra,

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