Mía.
Mía.
Mía.
Eso fue todo en lo que pudo pensar cuando la vio bailar con su grupo de amigos.
Su vestido acentuaba cada parte de ella, cada puta parte. Desde el pecho hasta la cintura y las caderas. Estaba saltando, cada luz se reflejaba en ella como si estuviera destinada a ser el centro de todo. Y tal vez lo sea.
Había llegado después de que llegaran sus amigos, aunque no tenía los para acercarse a ellos, para acercarse a ella. No podía. No después de lo que había hecho con sus manos cuando