CAPITULO 56 : AMEALCO II.
La comida había estado deliciosa; Axel estaba muy impresionado por toda esa comida muy rica, además de la hospitalidad de la familia de Alicia.
—Tía, te ayudaré a lavar todo.
—No. Hija, eres mi invitada; ve a caminar un rato con tu novio.
—Bue... no, está bien, tía, gracias.
Alicia aceptó, sabiendo que insistir en ayudarla sería inútil, recordando que la terquedad que a ella le caracterizaba la había heredado de esa parte de la familia.
Axel, junto a Alicia, caminaron por un largo rato alrededor