PUNTO DE VISTA DE RAFE
Al segundo día, le dio fiebre.
Desperté con un calor... tan intenso, un calor abrasador que irradiaba de su piel como si hubiera estado sentado frente a una hoguera. Me levanté de un salto, con el corazón latiéndome con fuerza, y le quité las mantas de encima.
"¡Luca! ¡Luca!", grité, pero no hubo respuesta, solo ese calor terrible, que aumentaba y aumentaba.
Tomé un paño del recipiente que Elara había dejado, lo empapé en agua fría y se lo puse en la frente. Su piel chisp