Las palabras fueron como un golpe para Jordan, quien se quedó inmóvil, sintiendo cómo la tristeza lo invadió poco a poco.
Jasper, por su parte, señaló con un leve movimiento la cara de Jordan, todavía marcada por los puñetazos que había recibido, aunque el moretón ya no era tan notorio.
—Tú también estás golpeado, ¿cierto? —comentó—. ¿En algún momento me contaste qué te pasó? No, no lo hiciste. Además, Reinhardt estaba igual de golpeado. Sin embargo, no te he obligado a que me lo digas. Así que